Claves para realizar fotografía de producto

Inmersos como nos encontramos en plena era digital, la cultura de lo visual ha adquirido una importancia sin precedentes. La forma en la que se muestran los productos es tan importante como las características, beneficios y naturaleza en sí misma del producto en cuestión. De hecho, en una realidad donde el nivel de calidad y competitividad se encuentra tan vivo y ajustado, la percepción del producto llega a ser crucial, pues la imagen proyectada puede despertar el interés del consumidor, o generar su rechazo definitivo.

Por ello, la fotografía de producto se ha convertido en una de las disciplinas fotográficas con mayor valor y perspectivas de futuro. Si bien se ha utilizado “desde siempre” en medios impresos, ahora, con el desarrollo de internet de y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, cuenta con nuevos soportes y medios donde proyectarse, así como nuevas técnicas que permiten al usuario una sensación próxima a la realidad física: catálogos online, tiendas en internet, fotografía de producto 360º, etcétera.

Pero esta fotografía de producto debe ofrecer la máxima calidad profesional, pues cualquier fotografía, por las mismas razones que ya hemos expuesto, no es válida. Así, para lograr realizar la mejor fotografía de producto posible y así encandilar a quién la observe, será imprescindible prestar una atención muy especial a la luz, o más bien al uso que se hace de ella y a su cantidad; un exceso de iluminación, en conjunción con el material del producto fotografiado, podría desembocar en brillos y reflejos que reducirán la percepción de calidad del producto.

Otro aspecto al que se debe prestar una atención expresa es a la composición de la imagen, es decir, la distribución de los elementos dentro del marco. Nada debe distraer la atención de lo que realmente importa, aquella característica que se desea ensalzar del producto fotografiado, y para ello emplearemos fondos neutros (blanco o negro), al mismo tiempo que tratamos de mantener uniformes las líneas rectas haciendo uso de una distancia focal siempre por encima de los 35 milímetros.

Y aunque pueda resultar obvio, tampoco debemos descuidar la limpieza del producto en sí mismo. Éste debe mostrar una apariencia inmaculada, impoluta, donde ni una sola mota de polvo haga acto de presencia, ni mucho menos huellas de los dedos. Ambas cosas darían una muy mala impresión al consumidor y, si bien pueden ser eliminadas en el proceso de edición posterior, sería un trabajo que se podría evitar.

Por último, procura la máxima estabilidad en tu trabajo, evitando que la imagen pueda reflejar el más mínimo efecto de movimiento. Para alcanzar este objetivo, el truco es de lo más sencillo: realiza siempre la fotografía de producto utilizando un trípode.

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